Patriotismo con techo


Durante meses hemos visto manifestaciones con la misma «lista de reproducción»: insultos al Gobierno, discursos contra los inmigrantes y nostalgias de tiempos que creíamos archivados en los libros de historia.

Por eso llama tanto la atención lo de estos días. Lo que empezó en la Puerta del Sol tras el desahucio de Maricarmen, de 87 años, ha acabado llevando a la calle a decenas de miles de personas en numerosas ciudades españolas. El problema que las mueve es bastante menos épico y mucho más incómodo: no poder pagar el alquiler o, simplemente, no tener un techo bajo el que vivir.

El drama de la vivienda no pregunta a quién votas, qué edad tienes ni en qué crees, aunque se ceba especialmente con los jóvenes y las familias con menos ingresos.

La acampada de Sol sigue en pie, y en otras ciudades se han sucedido manifestaciones, acampadas y asambleas con reivindicaciones bastante terrenales sobre alquileres, pisos turísticos, desahucios, vivienda pública y especulación. Maricarmen, por cierto, podrá volver a su casa gracias a un nuevo acuerdo de alquiler cuando reciba el alta hospitalaria.

Se puede estar de acuerdo o no con sus propuestas, pero al menos hay argumentos que discutir. Nadie necesita resucitar a un dictador para explicar por qué no llega a fin de mes. 🤨

Y mientras tanto, los de siempre han seguido intentando colarse en la foto. Anoche, varios grupos de ultraderecha trataron de acercarse a la acampada de Sol después de una concentración en la calle de Alcalá. La Policía les cerró el paso y hubo tres detenidos. Debe de ser muy desconcertante para estos ultras el encontrarse con una protesta en la que la gente se organiza, debate y expone sus quejas con argumentos, en lugar de buscar un enemigo más pobre al que echarle la culpa.

Al final, resulta que España necesita menos gente creyéndose superhéroes por ponerse la bandera a modo de capa mientras recurren a la violencia, y mucha más gente defendiendo los derechos de quienes la habitan, con capa o sin ella. 🦸‍♂️

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