El espejo automático de Facebook
Últimamente estoy colgando algunas de mis historias por estos rincones y he descubierto una función de Facebook que desconocía y me tiene fascinada: el espejo automático. Tú escribes sobre una determinada conducta, sin nombres, sin apellidos y sin señalar a nadie, y, de pronto, aparece alguien que se mira en el texto, se reconoce al instante y se enfada contigo por haberlo retratado. Y yo pienso: ¡qué cosa más curiosa! Si yo no he dicho quién era.
A veces hablo de insultos, de racismo, de desprecio o simplemente de esa costumbre tan extendida de sustituir los argumentos por un buen berrido. No digo partidos, no pongo etiquetas, no reparto carnés. Pero siempre hay quien se coloca voluntariamente delante del cuadro y viene a decir, más o menos: «¡Eh, que ese soy yo!». Pues mire, caballero, yo no lo había dicho. 😂
Lo verdaderamente llamativo no es que alguien se moleste. En las redes nos molestamos todos alguna vez. Lo curioso es la rapidez con la que algunas personas saben que el retrato va con ellas, incluso cuando nadie las ha mencionado. Facebook tiene esas cosas. Una publica una reflexión general y otro viene corriendo a hacerse la foto al lado. 🤔
Y es una pena, porque las redes serían bastante más interesantes si fuéramos capaces de decir «no estoy de acuerdo contigo» sin interpretar automáticamente que el otro pertenece al bando enemigo, merece un insulto o tiene que ser silenciado. Pero, en fin, hay quien entra en una conversación como quien entra en un gran espectáculo: dispuesto a gritar, desahogarse y dejarse la vena del cuello en el intento.
Yo, por si acaso, cuando veo uno así me aparto un poquito, no vaya a ser que un día aquello haga ¡pum! y nos toque llamar al 061. 😂

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