Antes de indignarte...
¡A ver, un poquito de por favor! Antes de que os dé un parraque, os suba la tensión y os pongáis a insultar, ¿no os da por mirar si el chisme que habéis leído es verdad?
Ya sé que comprobar las cosas
quita toda la gracia. ¿Dónde va a parar? Es mucho más jugoso leer un titular,
poneros como el bicho del pantano, llamar «hijo de p…» al primero que asome
—que curiosamente suele ser Pedro Sánchez— y anunciar que España se rompe por
los cuatro costados. Pararse dos minutos a comprobar si es un bulo… hombre, eso
corta muchísimo el subidón.
Últimamente circulan bulos con
una alegría que da gusto. Yo, ilusa de mí, pensaba que la gente que quiere
gobernarnos tendría cierto cuidado con los datos. Manías de vieja, ya sabéis.
Por ejemplo, Feijóo afirmó que
España era el país de la Unión Europea donde más había aumentado la inmigración
irregular en los últimos dos años. Pues resulta que no había datos oficiales
que permitieran sostener semejante afirmación. Pero claro, decir «no lo sé con
certeza» luce bastante menos que anunciar el apocalipsis en un mitin.
Y luego tenemos el drama con la
regularización de inmigrantes. Que si les regalan la nacionalidad, que si van a
votar inmediatamente, que si están fabricando votantes como churros…
Pues va a ser que no, oigan.
Regularizar a una persona no
significa regalarle la nacionalidad ni el derecho a votar en unas elecciones
generales. ¡Qué faena! Con lo a gusto que estaba uno indignándose para que
venga la realidad a estropearte el berrinche. Es que ya no se respeta nada.
Que la Antonia de la esquina se
trague una milonga de WhatsApp y la reenvíe puede pasarnos a cualquiera. Pero
que quienes aspiran a llevar el timón del país difundan afirmaciones falsas o
que no pueden sostener con datos ya me hace bastante menos gracia.
Yo no les pido que sean
infalibles. Con que rectificaran cuando meten la pata me conformaba. Aunque
quizá, a estas alturas, pedir eso sea como pedirle peras al olmo… y que además
vengan peladas.
Así que voy a intentar una
costumbre bastante poco emocionante: cuando algo me indigne muchísimo, antes de
compartirlo comprobaré si es verdad.
Se pierde adrenalina, sí, pero se
gana criterio propio.
Y además sale bastante más barato que un tensiómetro.

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